(Foto: Jorge Huerta E.)
(Foto: Jorge Huerta E.)

Por Jorge Huerta E./ informatePR

En la Caverna, Platón dibuja a la mayoría de los seres humanos, como las siluetas que se encuentran encadenadas a lo más frívolo de la vida o de las más bajas pasiones, o más aún de lo cotidiano, sin que exista el más mínimo indicio que cuestione si lleva una vida plena o simplemente se deja llevar por lo que existe alrededor como un autómata; como si la Matrix se encargara de dictar, en cada hombre, en cada individuo, como debe de actuar en las distintas circunstancias de la vida, donde el libre albedrío no existe, como si un algoritmo ordenara cada una de las acciones a realizar.

Dicen que el arte cambia al hombre, aunque más bien, el hombre es el único ser en poder realizarlo. En la Caverna el ser más osado se quita sus ataduras corporales y mentales y sale de la cueva para ver con sus propios ojos el mundo que le rodea; al principio es difícil aceptar las cosas que existen, discernir sobre las tinieblas que han estado siempre ahí, en un mundo bidimensional de siluetas, que ha sido el único lugar posible, he ahí la dificultad de aceptar las cosas nuevas, la deslumbrante luz, cual pupila dilatada que se esfuerza para asimilar el nuevo entorno, bajo un contexto totalmente desconocido.

Aunque la mayor parte de los individuos se queda con las reglas establecidas, son pocos los que rompen el statu quo, y son ellos los que llevarán (han llevado) a la sociedad al siguiente nivel; pero la Matrix estará siempre al acecho, para que todo quede exactamente igual; su omnipresencia  se encargará que la prisión que contiene a todos los seres de manera inexplicable, los siga utilizando a su favor para la perpetuidad de su propia existencia.

Pero ¿habrá una fórmula para salir de ese círculo vicioso? ¿Para que el desarrollo de la humanidad pueda seguir su curso sin que exista el riesgo, como lo plantea el propio filósofo griego, que quienes han decidido permanecer en la cueva puedan asesinar quién salió de las tinieblas y quiera dirigirlos a la luz? No es nada fácil, pues esa interrogante ha permanecido ahí, desde muchos siglos atrás. El arte puede en todo caso iniciar la trasformación del hombre, su sensibilidad y su manera de ver la vida.

Foto: Jorge Huerta E.

La luz

Pero… ¿Por qué es tan difícil hablar de arte? ¿Por qué es complicado identificar la Estética? Primero que nada La estética es la rama de la filosofía que estudia la percepción de las cosas, decimos que de lo bello, aunque no exactamente. Hay cosas que pueden ser no bellas, pero entran en el estudio de la estética. El debate va más allá de una clasificación de las cosas o actividades artísticas. Los antiguos griegos tenían una clasificación de las bellas artes que no son precisamente las que conocemos; incluso los artesanos eran repudiados durante el periodo de la grandeza griega.

Si aún no estamos totalmente de acuerdo sobre los límites del arte, de la estética, entonces hay cosas que no podemos plantear con claridad; en muchas ocasiones el arte es algo visto como inalcanzable, como si fuera exclusivo de mentes extraordinarias. Sin embargo hay actividades que han estado creciendo de tal forma que el arte no solamente es exclusivo de los museos y galerías. La música, las muestras ambulantes y el arte contemporáneo está más cerca de la gente como nunca antes; ejemplos palpables la expo ambulante de Vincent Van Gogh en la CDMX, o de la réplica de la Capilla Sixtina, ambos eventos realizados en áreas públicas como parques y áreas verdes.

Los festivales musicales que se realizan en lugares públicos y que se empatan con periodos  vacacionales son otro de los ejemplos de que no es necesario un teatro o salón para presentar una orquesta, incluso, así es que se populariza al sacarlos de los recintos sagrados como los museos o las salas de conciertos. Los costos también han bajado, ya que los patrocinios de la iniciativa privada o de los entes oficiales como los institutos de cultura.

En esta época en que el arte se está volviendo menos elitista, los habitantes de la Caverna de Platón podrán tener más herramientas para salir de entre las sombras, lo mismo que en la Matrix; la guerra entre la máquina y el hombre en el filme hollywoodense, es el desafío que debe sortear el ser humano cuando se enfrenta a la decisión de salir de la cueva. Que esa luz cegadora se convierta en el decodificador de la verdad, el detonante de saber diferenciar de esas dos realidades, de tomar la píldora roja para descubrir algo distinto aunque sea poco entendible para la gran mayoría.

“Eres un esclavo, Neo. Igual que los demás, naciste en cautiverio. Naciste en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar. Una prisión para tu mente. Es algo que no te puedo contar, tienes que verlo”, son las palabras que le dice Morfeo, personaje que lidera la resistencia humana contra las máquinas. Al igual que el planteamiento de Platón en la Caverna, donde quienes permanecen ahí parece que no quisieran salir, que no quisieran liberar su mente, para conocer más allá de las sombras.

Neo, el protagonista, es puesto a prueba en el momento de la decisión, de escoger una de las dos píldoras ofrecidas por Morfeo, la azul lo llevaría nuevamente a su mundo, al de siempre (la cueva) y la roja que lo hará conocer la verdad, la verdad sobre la Matrix, la verdad que se niegan a saber los que permanecen dentro de la cueva de Platón. Con esa píldora roja se suelta de las ataduras que lo mantenían dentro de la cueva, pero tendrá efectos notables como la ceguera de cuando sales de la oscuridad perpetua a la luz, la luz del día, del sol que desnuda lo que existe en el universo.

Los seres encadenados dentro de la Cueva de Platón son como aquellos agentes dentro de la Matrix, capaz de matar a quien se atreva a querer sacarlos de ahí. También ellos tienen un poder, aunque el poder radica en que no haya cambios, que las cosas sean igual siempre.

Realidad o ficción 

En el filme de Hollywood se plantea que la realidad podría ser solo una ficción, un espejismo, pues lo “realidad” no es más que “señales eléctricas interpretadas dentro del cerebro”, llevadas ahí por los sentidos que fabrican de esa manera el mundo que nos rodea. Asimismo en la cueva, la realidad es solo lo que se percibe a través de los sentidos, pero como no existen muchos indicios de lo existente, pues la luz tenue del fuego que ilumina parte de ese lugar interior.

El engaño es parte del control tanto en la Matrix como en la caverna, cada quien conocerá de su realidad, desde el momento que quiera saber de ella, la realidad que se revela ante nosotros a través del conocimiento y de la educación. Pero siempre habrá quien en su ignorancia establezca su llamada zona de confort y no quiera jamás salir de ella. Como una realidad dentro de otra desconocida.

Educación

La educación a través del arte tiene un poder convertidor como aquella píldora roja. El ser humano es el único que tiene la capacidad de crear por medio del arte, de producir sensaciones a través de representaciones de la realidad, puede tomar caminos distintos como medios de expresión sin importar cuáles sean estas actividades (artísticas). Con la educación el hombre podrá codificar el mensaje y del otro lado alguien con una preparación lo decodificará. He ahí viene el poder transformador. El arte y la educación pueden hacerlo.

De esa manera podremos salir de la Cueva y enfrentar la realidad en vez de estar encadenados a nuestra ignorancia, al mismo tiempo podríamos desafiar a la Matrix, escogiendo la píldora roja del conocimiento. (diciembre/2020)

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