– Fervor católico en la sierra del totonacapan
Por Jorge Huerta E./ informatePR
Zozocolco, de Hidalgo, Ver.- (InformatePR 2010) Sonidos de violines, tambores y flautas llenan las calles empedradas, nativos totonacas vestidos de blanco, algunos, portando trajes multicolores, otros, caminan y danzan por la cabecera municipal de la tierra de los Cantaros de Sol.
Y es que el Jueves Santo, decenas de habitantes de las comunidades del municipio se dan cita para efectuar la Procesión de la Cera, que por décadas se celebra en Zozocolco de Hidalgo, en la zona norte del estado de Veracruz.

La tradición consiste en elaborar velas y ornamentación de cera, las cuales se hacen por artesanos del sitio y que se trasladan de la casa del mayordomo en turno, el Jueves Santo a la iglesia del pueblo, y permanecerán ahí durante tres días hasta el domingo de resurrección, para entregarla al siguiente mayordomo que tendría la obligación de seguir con la tradición para el año entrante.
Los taconazos y el sonido de los cascabeles se suman en el ambiente a la música de los ejecutantes de las danzas que llegan de las rancherías del municipio serrano. Quetzales, Toreadores y Moros estuvieron en la ceremonia; para el domingo se sumarán los San Migueles y Negritos.

Una hora exacta dura la procesión de la casa mayordomal a la iglesia, hecha de piedra por cierto y que se encuentra en la parte más alta del pueblo. Antes, en la casa de don José Vázquez se reúnen feligreses y danzantes.
Las imágenes de la Virgen y de Jesucristo que son albergadas en el interior de la vivienda de don José se pierden entre la humareda del incienso; los asistentes saborean pan y chocolate, al mismo tiempo que presencian la actuación de los bailes indígenas en la sala.

Con sus enormes penachos, en la avanzada del desfile van los Quetzales, que sin duda portan los trajes más vistosos; en el trayecto toman breves descansos individuales, provocado por el peso de los coloridos copetes emplumados.
Los más ruidosos son los hombres enmascarados con petos llenos cascabeles; su ritmo irregular sólo es interrumpido por la detonación de los cohetes que se escuchan a varios kilómetros de distancia entre las montañas de esa zona alta del totonacapan.

Una vez en la parroquia, el sacerdote los recibe. Bendice el vino y el pan elaborado en horno de adobe. “ya basta de brincos y ruido”, les dice; “es hora de guardar silencio”, la procesión entra al lugar con cantos religiosos.
La tradición asegurada
Para don José Vázquez, la tradición de la cera está asegurada, porque, aunque viene de los antiguos, de los viejos, los jóvenes están decididos a continuarla; en caso de faltar alguno de los mayordomos, están los hijos, los nietos o los yernos, quienes llevarían a cabo estas actividades cristianas del totonacapan de adoración al Señor Jesucristo.
“Todo esto lo hacemos con devoción, somos católicos, nadie nos obliga”.




















































