LA LEYENDA DE LA VAINILLA

Por Melina Morquecho/ Fotos: Jorge Huerta

Existen muchas historias sobre la tierra de la "Luna Blanca", como algunos la llaman. Es Papantla, al norte de Veracruz y cerca de las aguas del Golfo de México.

En sus alrededores, viven los herederos de un pueblo de artistas y escultores, que habitaron la Ciudad del Trueno, El Tajín, que aún levanta majestuosa sus ruinas en medio de la selva.

Sus habitantes son los totonacos. Entre ellos se cuenta una leyenda que recrea el origen de una apreciada riqueza.

En la cumbre de uno de los cerros más altos cercano a Papantla; los totonacos levantaron su templo a "Tonacoyohua", diosa de la siembra y los alimentos. De su cuidado y ritos estaban encargadas seis jóvenes quienes desde niñas eran preparadas para esta labor y juraban vivir solas durante toda su vida.

En tiempos remotos, el Rey Teniztli, tuvo una hija muy hermosa a quien llamó Tzacopontziza, lucero del alba, y decidió consagrarla al culto de Tonacoyohua. Tal era su belleza, que años después muchos fueron los días en que Zkatanoxga, joven venado esperaba oculto tras los arbustos a que saliera del templo lucero del alba, para seguirla sin ser visto mientras ella recorría los senderos cercanos en busca de flores.

Entre los gritos de los monos que le recordaban las voces urgentes de su corazón, Zkatanoxga pensaba en huir con la bella princesa mientras miraba los pasos apresurados de la ardilla. Creía escuchar a su amada en el canto de los cenzontles, pero no podía olvidar que sólo el acercarse a la joven era un sacrilegio castigado con la muerte. ¡era menos terrible la amenaza de las huellas del tigre, el llamado de las víboras de cascabel! Fue mayor el brillo en los ojos de lucero del alba, que la advertencia del peligro. El deseo de alcanzarla era más intenso cada día. Para Zkatanoxga, la lejanía de la amada llegó a ser una pena más honda que la muerte.

Llovía la mañana en que el joven venado le pidió a la neblina que escondiera sus pasos, y huyo con Tzacapontziza a lo más abrupto de la montaña.

Pero la loca carrera despertó a la selva: un ser monstruoso los obligó a retroceder. En el camino los esperaban los sacerdotes totonacos, quienes antes de que Zkatanoxga pudiera declarar su culpa, dieron muerte a los dos jóvenes.

En el lugar donde murieron, la hierba empezó a secarse. Meses después brotó un arbusto vigoroso, que en pocos días creció y se cubrió de espeso follaje. Junto a su tallo surgió una planta trepadora que abrazó al tronco.

Era una orquídea de flores blancas, cuyos frutos eran unas largas y delgadas vainas que al entrar en sazón desprendían un perfume penetrante.

Cuentan algunos totonacos que así surgió la vainilla, a la que ellos nombraron xanath.

volver a la portada

www.informatepr.com 2003