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Friday, 31 March 2017 19:33

TURISMO RURAL EN “SANTA LUCIA”; VOLVER AL PASADO Featured

Written by Georgina Cortés/ informatePR
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Santa Lucía, a unos 40 kilómetros de Poza Rica Santa Lucía, a unos 40 kilómetros de Poza Rica Foto: Jorge Huerta

POR GEORGINA CORTÉS/ informatePR

Informatepr (2003).- El auge de las expediciones han invertido el orden de las cosas, como si “los patos le tiraran a las escopetas”. Cada vez son más comunes los viajes diseñados para que la gente de las ciudades sientan lo que es convivir con la naturaleza y participar en actividades rurales.



Disfrutar del recorrido a caballo y acampar algunas noches adquiere un significado diferente tratándose de la ex-Hacienda “Santa Lucia” . Por lo que les relataré a continuación nuestra expedición a este lugar.

A las siete en punto de la mañana nos esperaba. Sentado en una banca del parque Juárez frente al mural de Teodoro Cano, en Papantla. Alfonso Garmilla propietario de “Santa Lucia”. Muy cerca, una mujer con su enagua blanca y blusa con detalles bordados en múltiples colores adornaba la calle, como si esperara allí para darnos la bienvenida.

Dispuestos a llegar a nuestro destino, nos dispusimos a abordar nuestro medio de transporte que nos llevaría hasta el lugar.La Hacienda se localiza a escasos veinticinco minutos de la ciudad de Papantla en la carretera hacia San Andres. Al bajar de la camioneta, una vez en “Santa Lucia”, los caballos nos esperaban. Fue un ritual espléndido ver como Alfonso preparaba a “Morgan”, “Careta”, “Girasol” y “Cubana”. Excelentes caballos para montar, ya por nuestra inexperiencia pensé que sería más difícil. Mas no fue así.

Se antoja quedarse callado y escuchar  el canto de los papanes reales, los chechenes, pájaros carpinteros, lo cual es su manera de dar la bienvenida. Ya montados cada quien en su respectivo caballo, galopamos a campo abierto serpenteando por las veredas. De vez en cuando se escuchaba el crujir de las ramas por algún armadillo o tejón, que al verse descubierto, huía de nuestra vista.

El sonido de los cascos de los caballos sobre las brechas empedradas nos acompañaron por buen rato en nuestra cabalgata. Convencer a “girasol” de subir y bajar pequeños cerros fue mas fácil de lo que pensé. Contemplar la selva tropical pletórica de cedros, ceibas y guasimas es una delicia que contrarrestaban el clima cálido.

Mientras avanzamos el pasto fue adquiriendo un tono verde esmeralda, y una palmera que parecía tocar el cielo me dio la impresión de que vigilaba y cuidaba tan hermoso paisaje.

Avanzamos un poco mas y apareció un río de aguas tranquilas, donde remar es actividad de rigor. “Morgan” el caballo delfotógrafo se detuvo a pastar en un matorral. Indiferente a las acciones de su jinete, que estaba concentrado en la cacería de imágenes.

Comenzaba a sentirme cansada cuando Alfonso nos indicó una colina con una casa de madera rodeada de gigantes y hermosos árboles. Amarramos los caballos a un árbol de chote y descansamos bajo la sombra de un árbol de hule. Aquí es el lugar ideal para acampar con una vista inigualable. Hacer una fogata y escuchar los grillos. Contemplar las estrellas y la luna. Pensé que lo que había disfrutado en vida no podía ser superado. Me equivoqué.

Al final de nuestro recorrido llegamos al casco de la Hacienda. Contemplamos lo antiguo de la construcción rodeada de plataneras y naranjales. La casa de raya de la época porfiriana y la iglesia que guarda pasajes de la guerra cristera. Fue maravilloso.

Y para cerrar con broche de oro, nos esperaba un delicioso almuerzo que incluía  frutas y bocadillos que Marylupe  -esposa de Alfonso- preparó aderezado con la agradable e interesante conversación de nuestros anfitriones.

Nuca podré acabar de describir la sensación que me invadió. Me fascina la idea de pensar que nuestro recorrido no hubiera sido posible en otro medio de transporte. Me sentí en la cresta del mundo después de haber llegado hasta ahí montada sobre un caballo. (InformatePR 2003)

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